Hemos atendido decenas de miles de llamadas en centrales de taxis para crear la aplicación y la tecnología. Conocemos las necesidades y ahí está la diferencia. Nos sentamos con los taxistas para preguntarles: ‘¿Tú, qué necesitas?’», aclara Alicia Miguel. Es su secreto del éxito.
Su negocio despertó el interés de una gran empresa que le propuso hacerse con su proyecto. Después de pensarlo, decidieron no venderlo. Ellas ofrecen algo que ninguna multinacional puede suministrar, cercanía. «Nos hicieron una oferta que estuvimos valorando, nos invitaron a sus instalaciones. Tenían un edificio entero, nosotras un bajo que habíamos pintado con nuestras manos. Eran cuarenta trabajadores, nosotras por aquel entonces éramos tres. Tenían muchos recursos, mucho dinero... Había mucha gente programando... Pero lo hacían con los requisitos que dictaba el consultor». KBO parte de conocer al detalle el sistema de trabajo de primera mano. Alicia y Lucía llegaron a comerse las uvas de Fin de Año en una central de taxis, cogiendo teléfonos a la hora de las campanadas para resolver los desajustes que surgían en los cambios de sistema tecnológico.